Nueva York fue mucho más que un viaje. Fue una experiencia que nos obligó a salir de nuestra zona de confort y a enfrentarnos a un entorno completamente nuevo, rápido y exigente.
Allí no solo aprendimos sobre emprendimiento y nuevas formas de pensar, sino que, sobre todo, nos ayudó a crecer como equipo. Compartir el día a día, tomar decisiones juntos y adaptarnos constantemente hizo que nos conociéramos mejor y que construyéramos una base mucho más sólida como Aurea.